Blogia

Anita_ K_reen_ 17

Biografia de Baldomero Lillo.... Cuento

Biografia de Baldomero Lillo.... Cuento

Nació el 6 de enero de 1867 en Lota, ciudad minera del sur de Chile. Hijo de José Nazario Lillo Mendoza y Mercedes Figueroa. En los primeros años de su vida, Baldomero tuvo la influencia de su padre, quien se desempeñó en actividades de capataz o jefe de cuadrilla en las minas de carbón. Bajo su influencia Baldomero Lillo pasó a ser empleado subalterno en una de las pulperías de la Compañía minera. Allí, debido a su trabajo, pudo disponer de tiempo para leer toda la literatura que cayera en sus manos.
En Santiago, fue funcionario administrativo de la Universidad de Chile, prosiguiendo sus lecturas, se vinculó con otros escritores en la Colonia Tolstoiana, como Fernando Santiván y, tras una fugaz incursión en la poesía, publicó los libros de cuentos Sub Terra (1904) y Sub Sole (1907), de corte naturalista.
Los ocho cuentos que forman Sub Terra entregan un panorama desolador. Hombres aniquilados por la servidumbre del trabajo, se muestran empeñados en cumplir tareas que no les interesan, sólo les preocupa el dinero para llevar a los hogares. Por sus páginas desfilan inválidos, huérfanos y viudas, que forman parte del mundo brutal y agotador de las minas de carbón. La publicación de Sub Terra trajo mayor preocupación por el tema social de los mineros y de las industrias, donde correspondía realizar una urgente intervención del Estado para mejorar las condiciones de trabajo de estos sectores.
Baldomero Lillo falleció el 23 de septiembre de 1923.

Cuento Elegido:     Juan  Fariña

Sobre el pequeño promontorio que se interna en las azules aguas del golfo se ven hoy las viejas construcciones de la mina de…

Altas chimeneas de cal y ladrillo se levantan sobre los derruidos galpones que cobijan las maquinarias, cuyas piezas roídas por el orín descansan inmóviles sobre sus basamentos de piedras. Los émbolos ya no avanzan ni retroceden dentro de los cilindros, y el enorme volante detenido en su carrera parece la rueda de un vehículo atascado en aquel hacinamiento de escombros carcomidos por el tiempo.

En lo más alto, dominando la líquida inmensidad, la cabría destaca las negras líneas de sus maderos entrecruzados en el fondo azul del cielo como una cifra siniestra y misteriosa. En las agrias laderas, las casas de los obreros muestran sus techos hundidos, y por los huecos de las puertas y ventanas, arrancadas de sus goznes, se ven blanqueadas paredes llenas de grietas de las desiertas habitaciones.

Algunos años atrás ese paraje solitario era asiento de un poderoso establecimiento carbonífero y la vida y el movimiento animaban esas ruinas donde no se escucha hoy otro rumor que el de las olas, azotando los flancos de la montaña.

Densas columnas de humo se escapaban entonces de las enormes chimeneas, y el ruido acompasado de las máquinas, junto con el subir y bajar de los ascensores en el pique, no se interrumpía jamás. Mientras, allá abajo, en las habitaciones escalonadas en la falda de la colina, las voces de las mujeres y los alegres gritos de los niños se confundían con el ruido del mar en aquel sitio siempre inquieto y turbulento.

En una mañana de enero, en tanto que la máquina lanzaba sus jadeantes estertores y las blancas volutas del vapor se desvanecían en el aire tibio convirtiéndose en lluvia finísima, un hombre subía por el camino en dirección a la mina. Era de elevada estatura y por su traje, cubierto por el polvo rojo de la carretera, parecía más bien un campesino que un obrero. Un saco atado con una correa pendía de sus espaldas y su mano derecha empuñaba un grueso bastón, con el que tanteaba el terreno delante de sí.

Muy en breve aquel desconocido se encontró en la plataforma de la mina, donde pidió lo llevaran a presencia del capataz. Éste, que en ese instante se dirigía al pozo de bajada, se detuvo sorprendido ante el inválido visitante.

-Amigo -díjole-, yo soy el que buscas, ¿quién eres y qué es lo que deseas?

-Me llamo Juan Fariña, y quiero trabajar en la mina -fue la breve contestación del interpelado.

Los presentes se miraron y sonrieron.

-¿Y de qué deseas ocuparte? -prosiguió en tono un tanto burlón el capataz.

-De barretero -respondió tranquilamente el ciego.

Un murmullo partió del grupo de obreros que rodeaban el borde del pique y algunas carcajadas comprimidas estallaron.

-Camarada -dijo el capataz, contemplando la férrea musculatura del postulante-, sin duda no será la fuerza lo que te haga falta, pero para ser barretero hay que tener buen ojo y un ciego como tú no servirá para el caso.

-Nada veo -repuso-, pero tengo buenas manos y no me asusta ningún trabajo.

-Quedas aceptado -dijo el capataz, después de un instante de vacilación-, un ciego que no pide limosna y desea trabajar merece ser bien acogido; puedes empezar cuando gustes.

-Mañana a primera hora estaré aquí -respondió el original personaje y se alejó pasando con la cabeza erguida y las blancas pupilas fijas en el vacío por entre la turba de obreros que contemplaban admirados sus anchos hombros y su musculoso cuerpo de atleta.

En la mañana del día siguiente, Juan Fariña, con la blusa y pantalón del minero, una pequeña cesta con la merienda en una mano y el bastón en la otra, penetraba en la jaula en compañía de un capataz y varios trabajadores. Todos cubríanse la cabeza con la tradicional gorra de cuero y en todas ellas, excepto en la del ciego, sujetas a la visera brillaban encendidas pequeñas lámparas de aceite.

A una señal del jefe, la jaula se hundió súbitamente en el abismo negro del que subía un vaho ligero que se condensaba en cristalinas gotas a lo largo de los flexibles cables de acero.

Terminado el descenso se internaron en la mina, siguiendo los oscuros corredores por los que el ciego caminaba con la seguridad de un minero experimentado. Sus acompañantes admiraban aquella especie de instinto que le hacía adivinar los obstáculos y evitarlos con pasmosa sagacidad. Su bastón era una antena que se movía ágilmente en todas direcciones, tocando las paredes, el suelo y la techumbre de las galerías, que a medida que avanzaba se inclinaba más y más obligándolo a encorvar su alta estatura y a rozar con sus espaldas las escabrosidades de la roca.

En breve abandonaron las galerías de arrastre y penetraron en las canteras donde se extrae el material. Arrastrándose en algunos sitios sobre las manos y las rodillas, internáronse en aquellos estrechos túneles, subiendo y bajando rapidísimas pendientes. Por todas partes se oía un golpear incesante: al ruido sordo del pico mordiendo el venero, mezclábase el son más claro del martillo sobre la barrena. A veces una violenta imprecación rasgaba aquel ambiente irrespirable, impregnado de humo y de polvo de carbón; quejidos hondos y un resople continuo de bestias fatigadas salían de aquellos agujeros en medio de las tinieblas, en las que aparecían y desaparecían las luces fugitivas de las lámparas como fuegos fatuos en las sombras de la noche.

Después de media hora de penosa marcha se detuvieron ante una pequeña excavación abierta en la vena. De forma rectangular, muy baja y angosta, medía apenas un metro de alto, y en sus negras paredes, heridas por los rayos mortecinos de las lámparas, las agudas aristas del carbón tomaban tintes azulados y brillantes.

Después de escuchar silencioso las indicaciones del capataz, el nuevo obrero penetró resueltamente en la estrecha abertura y muy luego su fatigosa respiración y el golpe seco y repetido del acero se confundieron con el sordo rumor que llenaba las galerías, los chiflones y las lóbregas revueltas.

Desde aquel día quedó Fariña incorporado al personal de la mina, conquistándose muy luego la reputación de obrero inteligente y valeroso. La deferencia con que era tratado por los jefes y su carácter huraño y retraído le enajenaron las simpatías de sus camaradas, quienes no podían comprender que aquel ciego prefiriese los trabajos y miserias del minero a la vida libre y sin afanes del mendigo. Aquello no era natural y debía encerrar algún misterio.

Intrigados vigiláronlo estrechamente, escudriñando sus pasos y sus menores acciones. Su pasado fue objeto de una minuciosa pesquisa, que no dio resultado alguno. Nadie sabía quién era ni de dónde venía, y respecto de su ceguera las opiniones estaban divididas. Había quienes aseguraban que aquellas inmóviles pupilas cubiertas de una tela blanquecina arrojaban en la oscuridad destellos fosforescentes como los del gato y que aquel ciego no lo era, sino en pleno día, a la luz del sol. Otros, y eran muy pocos, sostenían lo contrario, y para aclarar el punto sometían al infeliz a las más bárbaras pruebas. Ya era una vagoneta volcada en medio de la vía, que le interceptaba el paso, o un madero atravesado a la altura de su cabeza, contra el cual chocaba violentamente; mientras alambres invisibles se enredaban entre sus piernas y lo derribaban en el lodo negro y viscoso de las galerías.

El tiempo transcurría, y el desconocido obrero apasionaba cada vez más los ánimos dentro de la mina. Extraños rumores empezaron a circular acerca de su trabajo en las canteras de extracción. Todos los días a la salida del sol se hallaba junto al pique listo para bajar y era siempre de los últimos el tomar el ascensor para regresar a su solitaria habitación en la falda de la colina.

Durante aquellas quince horas de ruda faena arrancaba del filón un número de vagonetas superior al mínimum reglamentario. Aquello desconcertaba a los más esforzados barreteros, pues en aquel sitio el mineral era duro y consistente y el mejor de ellos jamás había alcanzado un éxito semejante.

Este hecho robusteció en la crédula imaginación de aquellas sencillas gentes la creencia de que Fariña era un ser extraordinario. Contábase de él que sólo iba a la mina a dormir y que un socio cuyo nombre no se atrevían a pronunciar, desprendía de la vena el carbón necesario para completar la tarea del día. Y no era un misterio para nadie que por la noche, cuando quedaba la mina desierta, se oía en la cantera maldita un redoble furioso que no cesaba hasta el alba. Aquel obrero infatigable, del que se hablaba en voz baja y temerosa, no era sino el Diablo, que vagaba día y noche en las profundidades de la mina, dando golpes misteriosos en las canteras abandonadas, precipitando los desprendimientos de la roca y abriendo paso a través de grietas invisibles a las traidores exhalaciones del grisú1.

Dos viejos mineros encargados de vigilar por las noches los corredores de ventilación se habían aproximado cautelosos al sitio de donde partía el insólito rumor, deteniéndose asombrados ante la presencia de un barretero desconocido que en el fondo de la cantera del ciego atacaba furiosamente el bloque negro y quebradizo. Un chorro de grisú encendido que brotaba de una grieta del techo esparcía una claridad de incendio en derredor del fantástico personaje, delante del cual la hulla lanzaba reflejos extraños y sus caprichosas facetas resplandecían como azabache pulimentado ante la llama azulada del temible gas.

Los testigos de aquella escena veían amontonarse el carbón con asombrosa rapidez delante del incógnito y nocturno obrero, cuando de pronto un pedazo arrancado con fuerza del innoble bloque derribó dos trozos de madera de revestimiento apoyados en la pared, los que al caer el uno sobre el otro, formaron por una extraña casualidad una cruz en el húmedo suelo del corredor.

Un terrible estallido atronó la bóveda y una ráfaga de aire azotó el rostro de los dos obreros clavados en el sitio por el espanto, desapareciendo súbitamente la infernal visión.

A la mañana siguiente ambos fueron encontrados desvanecidos en el fondo de una galería mal ventilada, y desde ese instante nadie dudó en la mina de que un tenebroso pacto ligaba al aborrecido ciego con el espíritu del mal. A la antipatía que le profesaban los mineros se agregó luego un supersticioso temor y a su paso apartábanse presurosos, persignándose devotamente. Sus vecinos en la cantera abandonaron sus labores trasladándose a otro sitio, y el carretillero encargado del arrastre de las vagonetas se negó a efectuar ese trabajo, viéndose obligado Fariña para no abandonar la faena a ser barretero y carretillero a la vez.

Sea por aquel exceso de trabajo, cuya abrumadora fatiga hubiera quebrantado la más robusta constitución, o por otra causa desconocida, su taciturnidad aumentó de día en día y su musculoso cuerpo fue perdiendo poco a poco aquel aspecto de fuerza y de vigor que contrastaba tan noblemente con la débil contextura de los mineros, esos proscritos del aire y de la luz que llevaban impresa en sus rostros de cera la nostalgia de los campos alumbrados por el sol.

Un decaimiento visible se operaba en él, y los obreros que lo observaban atribuíanlo a que el término del nefando pacto debía de estar próximo y era una verdad no discutida que un suceso extraordinario de que tal vez iban a ser en breve testigos, se preparaba dentro de la mina, dando más fuerza a aquellas suposiciones de la conducta cada vez más extraña del ciego. Se le veía frecuentemente abandonar la cantera y penetrar en las galerías poco frecuentadas, dejando por las noches su vivienda solitaria para vagar como un fantasma por la orilla del mar, y sentándose a veces en las piedras de la ribera pasaba horas tras horas, oyendo el murmullo eterno del oleaje: como un viejo lobo que descansara de sus correrías por el océano.

¿Qué pensaba en esos instantes y qué dolor oculto guardaba su alma cerrada a toda afección? Como el origen de su ceguera, nadie lo supo jamás.

Pronto iba a cumplir un año en la mina, y el misterio de su vida permanecía impenetrable. Entre los varios rumores que circularon acerca de él había uno del que nadie se acordaba ya. Los mineros más antiguos recordaban vagamente que muchos años atrás, víctima de una de las frecuentes explosiones de grisú, pereció en la mina un obrero quedando moribundo un hijo de dieciséis años que lo acompañaba. A consecuencia de aquella desgracia la mujer del infeliz y madre del niño perdió la razón, ignorándose en absoluto el destino del muchacho. Los que recordaban esos hechos creían ver en el rostro de Fariña vestigios de antiguas quemaduras; pero las cosas no pasaron de allí y el misterio subsistió siempre.

Los mineros veían en aquel ciego un enemigo de su tranquilidad y de la existencia de la mina misma. De un hombre que tenía pacto con el Diablo no podía esperarse nada bueno, y los alarmistas anunciaban toda clase de males para lo futuro, citándose de él, para apoyar aquellos siniestros presagios, algunas enigmáticas palabras pronunciadas después de un derrumbe que había quitado la vida a varios trabajadores.

-Cuando yo muera, la mina morirá conmigo -había dicho el misterioso ciego.

Para muchos aquella frase encerraba una amenaza y para otros un vaticinio que no tardaría en cumplirse.

En la semana que precedió a la gran catástrofe, Fariña obtuvo la plaza de vigilante nocturno de aquella sección de la mina donde trabajaba, empleo cuyo desempeño le era relativamente fácil, pues la principal tarea consistía en recorrer las compuertas de ventilación.

En la noche del extraordinario suceso se presentó como de costumbre en el pique a la hora reglamentaria: las nueve en punto marcaba el reloj de la máquina cuando penetraba en la jaula y desaparecía en el pozo de bajada.

Era aquel un día festivo y la mina estaba desierta. El tiempo se mostraba tempestuoso, espesas nubes entoldaban el cielo y el viento norte, soplando con violencia en lo alto de la cabría, hacía gemir el maderamen sacudiendo los cables a lo largo de los niveles. El mar estaba agitado y tumultuoso y la resaca elevaba su ronca voz entre los arrecifes de la costa.

El maquinista, con una mano en el regulador y la otra en el freno, seguía con atención la manecilla del indicador. La máquina trabajaba a gran velocidad, pues la tarea estaba reducida a extraer el agua del pozo por medio de grandes cubos suspendidos debajo de las jaulas ascensoras. Y junto al borde del pique un obrero armado de un largo gancho de hierro abría las compuertas colocadas en el fondo de aquellos, las que daban paso al agua que se escurría por el canal de desagüe. Esos dos hombres y el fogonero, que se tostaba en el departamento de las calderas, eran los únicos que a esa hora velaban en la mina.

Fariña, entre tanto, había dejado el ascensor y caminaba por la galería central, esquivando los obstáculos con la soltura peculiar en él.

Frente a la puerta del departamento de los capataces se detuvo, y haciendo saltar la cerradura penetró al interior; cogió de un armario arrimado a la pared cierto número de paquetes pequeños y cilíndricos que sepultó en los bolsillos de su blusa y apoderándose en seguida de un saquete de pólvora y de algunos rollos de guías, abandonó la estancia internándose en las profundidades de la mina.

Marchaba presuroso, deslizándose sin ruido entre las hileras de vagonetas vacías, y pronto dejó a un lado las arterias principales para penetrar en una galería abandonada, que sólo servía de corredor de ventilación.

Ese paraje había sido siempre objeto de vigilancia especial de parte de los ingenieros. Situado debajo del mar, las filtraciones eran abundantísimas en aquella galería y la amenaza de un hundimiento era una idea que preocupaba a los jefes y operarios desde muchos años atrás. A través de la delgada capa de terreno llegaban hasta aquel sitio los rumores misteriosos del océano, percibiéndose distintamente el ruido de las palas de las hélices que azotaban las olas, pues la galería cortaba oblicuamente la ruta de los vapores que tocaban en el puerto. Considerables trabajos de revestimiento se habían llevado a cabo para evitar que el fondo del mar cediese bajo la presión de las aguas. En el sitio donde las filtraciones eran más copiosas, gruesas vigas que descansaban sobre sólidas pilastras sostenían la techumbre. Junto a uno de estos soportes detúvose Fariña, extrayendo detrás de él una enmohecida barrena de carpintero.

Seis de aquellos pilares estaban perforados a la altura de un metro. Con ayuda de la barrena quitó el ciego la arcilla que disimulaba los agujeros, y con la calma y seguridad del que ejecuta una operación largo tiempo meditada, introdujo en cada uno de ellos un cartucho de dinamita con su correspondiente guía, formando con aquellas largas mechas, todas de una misma dimensión, un solo haz, cuyas extremidades igualó cuidadosamente; y atándolas en seguida con un bramante, vertió encima del grueso nudo una parte del saquete de pólvora, trazando con el resto un reguero en el piso, de algunos metros de longitud. El principal trabajo estaba terminado, y el autor de aquella obra ignorada y terrible se irguió y alargando el brazo dio en el húmedo techo algunos golpes con la ferrada punta de su bastón como si quisiese calcular el espesor de la roca sobre la que gravitaba la masa movible del océano.

Después de un instante se inclinó de nuevo: en su mano derecha brillaba un fósforo encendido y un reguero de chispas recorrió velozmente el suelo, convirtiéndose de pronto en una intensa llamarada que iluminó los sitios más recónditos de la galería. El siniestro personaje retrocedió entonces una veintena de metros por el camino que había traído, quedándose inmóvil con los brazos cruzados en medio del corredor. Delante de él un leve chisporroteo interrumpía apenas aquel silencio de muerte, cuando súbitamente un estampido seco retumbó como un trueno y uno de los pilares cortado en dos voló en astillas bajo la negra bóveda. Segundos después una terrible explosión empujaba violentamente el aire y un enorme montón de maderos destrozados interceptó la galería. Por unos instantes se oyeron los chasquidos de la roca, seguidos de bruscos desprendimientos: primero trozos pequeños que rebotaban sordamente en la derribada mampostería, y después, como el tapón de una botella vacía sumergida en aguas profundas, cedió de un solo golpe la techumbre del túnel: lívidos relámpagos serpentearon un momento en la oscuridad y algo semejante al galope de pesados escuadrones resonó con pavoroso estruendo en los ámbitos de la mina.

Afuera la tempestad desencadenada bramaba con furia, y el viento y el mar confundían sus voces irritadas en un solo sostenido y fragoroso. El maquinista, de pie en la plataforma de la máquina, fijaba una mirada soñolienta en el indicador y en el brocal del pozo, junto al cual el obrero del gancho de hierro ejecutaba su tarea temblando de frío bajo sus húmedas ropas. Ambos habían creído sentir entre el ruido de la borrasca rumores extraños que parecían venir de abajo, del fondo del pique, creyendo ver a veces que los cables perdían su tensión como si el peso que soportaban disminuyese por alguna causa desconocida.

Durante aquellas largas horas los dos hombres fijaban en el cubo que subía una mirada ansiosa con la vana esperanza de ver que el chorro líquido disminuyese o cesase por completo. ¡Cuán ajenos estaban de que el agua que se escurría por la ladera del monte y se mezclaba con la del mar no hacía sino volver a su depósito de origen!

Hacia el amanecer disminuyó la fuerza de la tempestad y el obrero que se hallaba junto al pozo sintió de pronto en el canal de desagüe fuertes golpes, como si algo viviente se agitase en él. Acercóse al sitio de donde partía aquel ruido extraordinario y se quedó perplejo, mudo de estupor, a la vista de un objeto que parecía lanzar relámpagos, y que azotaba violentamente junto a la rejilla del canal. Tomó con presteza un candil colgado en una de las vigas de la cabria y su sorpresa se convirtió en espanto: lo que saltaba allí dentro era un pez vivo, una corvina de plateado vientre.

Entre tanto el maquinista se impacientaba esperando las señales reglamentarias y sus voces imperiosas dominaban el ruido del viento cada vez más flojo a medida que avanzaba el día.

Por fin, el remiso obrero reapareció en la plataforma, llevando suspendido por la cola el pez que contraía violentamente su viscoso cuerpo. El de la máquina, viendo aquel objeto que se movía en la mano de su compañero, gritó desde lo alto:

-¿Qué pasa, Juan, qué es lo que hay?

-Nada, que estamos achicando el mar -fue la breve la respuesta que hirió sus oídos.

Pasados algunos minutos, el pito de alarma sonaba en la mina por última vez, poniendo en conmoción a sus dormidos moradores, y el vapor, el aliento vital de aquel organismo de hierro, abandonaba para siempre los cilindros y calderas, escapándose por las válvulas abiertas en medio de silbidos estremecedores.

Los trabajadores acudían y se agrupaban consternados en torno del pique, contemplando silenciosos a los ingenieros que por medio de sondajes comprobaban el desastre. De vez en cuando resonaban sordos chasquidos subterráneos producidos por los derrumbes de las obras interiores. El agua de mar llenaba toda la mina y subía por el pozo hasta quedar a cincuenta metros de los bordes de la excavación.

El nombre de Fariña estaba en todos los labios, y nadie dudó un instante de que fuera el autor de la catástrofe que los libertaba para siempre de aquel presidio donde tantas generaciones habían languidecido en medio de torturas y miserias ignoradas.

* * *

Todos los años en la noche del aniversario del terrible accidente que destruyó uno de los más poderosos establecimientos carboníferos de la comarca, los pescadores de esas riberas refieren que cerca del escarpado promontorio, en la ruta de las naves que tocan en el puerto, cuando suena la primera campanada de las doce de la noche en la torre de la lejana iglesia, fórmase en las salobres ondas un pequeño remolino hirviente y espumoso, surgiendo de aquel embudo la formidable figura del ciego con las pupilas fijas en la mina desolada y muerta.

Junto con la última vibración de la campana se desvanece la temerosa aparición y una mancha de espuma marca el peligroso sitio, del que huyen velozmente las barcas pescadoras por sus ágiles remeros, y ¡ay! de la que se aventure demasiado cerca de aquel Maelstrón en miniatura, pues atraída por una fuerza misteriosa y zarandeada rudamente por las olas, se verá en riesgo inminente de zozobrar.

FIN

 

Resumen y Estereotipos

Juan Fariña llega una mañana de enero a la mina de ... y consulta por el capataz, este que venia de la plataforma de la mina de.... se detuvo ante la visita de aquel hombre alto con cuerpo de atleta y le pregunto para que lo quería, Juan Fariña le dijo que deseaba que le dieran trabajo entonces el capataz se río ya que aquel hombre era ciego y le dijo en un tono burlón ¿ de que deseas ocuparte?

De barrero respondió el ciego, y todos los presentes estallaron en risas

Quedas aceptado le respondió el capataz, sin duda no será la fuerza lo que te falte, un ciego que desea trabajar y no pide limosna debe ser acogido, cuando deseas comenzar le pregunto el capataz

Fariña respondió mañana comienzo y todos contemplaban sus anchos hombros y sus grandes músculos.

Al día siguiente el ciego estaba de los primeros en la mina, al entrar su cuerpo cada vez debía encogerse mas y mas ya que el camino se hacia mas bajo y estrecho, Fariña movía su bastón como una antena la cual le indicaba cuando venían obstáculos y el los desviaba fácilmente.

Fariña se comenzo a ganer el respeto y era conocido como un minero inteligente.

Después de mucho tiempo trabajado el cuerpo del cansado ciego ya no era el mismo, dentro de la mina todos los mineros hablaban sobre Fariña y muchos rumores se decían sobre el, uno de ellos era que Fariña era el Diablo y que sus ojos blancos no eran por que el era ciego sino que solo en la oscuridad le permitía ver, sus compañeros para probar sus creencias sobre este hombre constantemente le ponían obstáculos en el camino.

Muchos de los mineros antiguos recordaban que en un derrumbe de una mina murió un hombre dejando a un hijo huérfano y muchos pensaban que ese hijo era Juan, pero eso era todo los rumores no se basaban en hechos.

Un día Juan fariña dijo que cuando el se muriera la mina moriría con el, esto para muchos sonó como una amenaza pero para otros como una advertencia que no tardaba en cumplirse.

Un día de fiesta la mina quedo completamente sola, pero fariña seguía rondando sobre sus pasadillos, se dirigió hacia el lugar mas vigilado y con mucha tranquilidad y todo calculado comenzó a sacar unos pequeños cartuchos guardándolo en sus bolsillos de la camisa y también tomo pólvora, recorriendo todos los pasillo de mas abajo donde el agua casi llegaba hacia dentro de la mina comenzó a rociar la pólvora y a poner los cartuchos en medio de los tablones que sujetaban el techo de la mina de...  se agacho y tomo su bastón y golpeo el techo para ver que tan alto se encontraba del mar, luego volvió a agacharse y encendió un fósforo con el cual prendió la pólvora y los cartuchos haciendo estallar toda la mina y de esa manera murió Juan Fariña junto con la mina de...

esta historia la recuerdan los antiguos mineros de la zona ya que Juan Fariña los libro de una vida llena de sacrificios y miserables condiciones de vida.

                    Fin

Estereotipos: El estereotipo que esta presente en esta historia es el Estereotipo Social ya que muestra la vida sacrificada de los mineros humildes de aquella época y la vida de un ciego que decidió trabajar para ganarse el pan de cada día.

 

Pornografia

Pornografia

El término pornografía procede del griego: πορνογραφíα, porne es "prostituta" y grafía, "descripción", es decir, "descripción de una prostituta". Designa en origen, por tanto, la descripción de las prostitutas y, por extensión, de las actividades propias de su trabajo. Hay que decir, sin embargo, que el término es de aparición muy reciente pues en la Antigua Grecia nunca se usó la palabra "pornografía". Modernamente se entiende por pornografía un conjunto de materiales, imágenes o reproducciones de la realización de actos sexuales con el fin de provocar la excitación sexual del receptor.

Actualmente existe una corriente de pensamiento que considera a la pornografía como una nueva forma de arte, que tiene por objeto mostrar la belleza de la sexualidad humana. Los que sostienen este parecer señalan que muchas formas de arte en un principio fueron menospreciadas, infravaloradas o incomprendidas, como ocurrió con las obras de arte del Postimpresionismo del pintor holandés Vincent Van Gogh, al cual nunca se le reconoció ningún valor significativo a sus obras durante su vida, tanto fue así que incluso una señora de su época usó uno de sus cuadros para tapar un hoyo de su gallinero. Manifiestan que el mundo cambia constantemente y siempre ha cambiado, que cambian los intereses o aparecen nuevos intereses, y cambia el arte y aparecen nuevas formas de arte.La real academia española define a la pornografía como "el carácter obsceno de las obras literarias o artísticas"[1] Es decir, todo lo que ofenda al pudor y que se represente artísticamente. En el segundo simposio nacional multidisciplinario de sexualidad humana, en Argentina, se ha considerado que la actual pornografía desvirtúa la sexualidad humana, expresándola en formas violentas; explícitas o implícitas; y siempre en una relación de poder y servidumbre de la mujer hacia el hombre o, en ocasiones, inversamente.[2]

La pornografía se manifiesta principalmente a través de tres medios: el cine, la fotografía y la literatura, aunque también admite representaciones a través de otros medios como las revistas pornográficas, la escultura, la pintura, e inclusive el audio (teléfono erótico), o el cómic.

 

La Tìa Tula...

Tula y Rosa son dos hermanas que están muy unidas y que, tras la muerte de sus padres cuando estas eran aún unas niñas, se fueron a vivir con su tío don Primitivo, que era cura.

En el piso donde vivían con su tío también vivía un joven muy atractivo llamado Ramiro el cual, cada vez que pasaban las dos hermanas no podía evitar que su mirada se fuera detrás de Rosa. Gertrudis, o Tula como la solían llamar se dio cuenta de esto y se las apañó para que los dos jóvenes acabaran como novios, del mismo modo que se las apañó para que, tras un tiempo de noviazgo, se casaran, aunque Ramiro durante su noviazgo no había prestado casi atención a rosa, estaba siempre distraído en quién sabe qué, sobretodo cuando entraba en casa de su prometida se encontraba con Tula, a la que él, como su hermana, su tío y todos los que la conocían tenían un gran respeto porque siempre hablaba con convicción y parecía que siempre tenía razón.

Tras haberse casado, los novios, como es normal, se fueron a su casa, pero Rosa reclamaba continuamente la presencia de Gertrudis, a lo que esta replicaba que a los novios les convenía la soledad, aunque no obstante los visitaba de vez en cuando, visitas en las que Rosa le hacía las más ostentosas demostraciones de cariño mientras que su cuñado se sentía avergonzado ante su presencia.

Y finalmente llegó el primer niño, Ramirín, en un parto muy difícil y duro en el que la más calmada fue Tula, y lo hizo tan bien que hasta el médico la felicitó. Y ella fue la primera que cogió al niño, y la que le dijo al padre que esa criatura correría de su cuenta, que haría de él un hombre. Y lo dijo en serio porque a partir de ese día no faltó en casa de su hermana un solo día: ella era quien desnudaba y vestía y cuidaba al niño hasta que su madre se recuperara del parto y pudiera hacerlo, la cual al hacerlo extremó sus ternuras para con su marido y más bien parecía que Ramirín era solo de Tula, a la que no le importaba nada ello. Y así pasó el tiempo y llegó otra criatura, esta vez una niña a la que llamaron Elvira.

Al poco de nacer la niña murió don Primitivo, y también fue Tula la que lo amortajó después de lavarlo, lo lloró más que nadie y lo enterró. Pero Gertrudis no se vino abajo, sino que seguía cumpliendo con su deber para con sus sobrinos, que los quería como si fueran hijos propios, con su hermana y con su cuñado, y cada vez se iba dando más cuenta de que en aquella casa era casi imprescindible.

Venía ya el tercer hijo del matrimonio. El embarazo fue molestísimo para la madre que tenía que descuidar más que antes a sus otros hijos, que así quedaban al cuidado de su tía, encantada de que se los dejasen. Y hasta consiguió llevárselos consigo a su casa más de un día. Y los pequeñuelos se apegaban con ciego cariño a aquella mujer grave y severa.

Finalmente llegó el parto de tan molesto embarazo, y eso fue lo último que Rosa hizo puesto que después de dar a luz a una niña se murió. Pero antes de morirse hizo que Gertrudis le prometiera que sus niños no tendrían nunca madrastra aunque Ramiro se casara.

Después de la muerte de su hermana, Tula decidió ir a vivir definitivamente con Ramiro y con los niños ya que Ramiro entró en una depresión, ahora es cuando de veras se había dado cuenta de lo mucho que le importaba Rosa. Tula se portó como una madre con ello, tanto que incluso los niños la llamaban “mami”. Pero al mismo tiempo sus relaciones con Ramiro se iban haciendo cada vez más fuertes, tanto que aunque Tula no quería admitirlo se habían enamorado el uno del otro. Pero una noche que Tula Ramiro se pusieron a hablar este le pidió que se casara con ella, a lo que esta, con total serenidad, le dijo que le diera el plazo de un año para aclararse las ideas y que luego ya verían.

Y en estos doce meses se estaba desencadenado en Tula un grave conflicto: su cabeza contra su corazón. Todas las noches se metía en su habitación a llorar y a rezarle a la Virgen, y la cosa fue a peor cuando un día Ramirín le dijo que su padre le había dicho que Tula aun no era su madre pero que lo sería.

Cuando se acercaba el mes de la respuesta definitiva Tula y Ramiro decidieron ir a la playa, aunque cada uno con un propósito: Tula quería relajarse de la tensión y Ramiro pensó que allí Tula sería más débil ante sus encantos. Pero no estuvieron mucho tiempo en la playa puesto que ninguno de los dos propósitos dio resultado.

Cuando volvieron a la casa contrataron a una criada, una hospiciana de diecinueve años llamada Manuela. Desde que la chica había llegado a la casa, Ramiro había estado muy raro, como si guardara algún secreto. Y al fin adivinó lo que le pasaba cuando Ramirín le dijo que había visto a su padre y a Manuela besándose. Entonces Tula decidió hablar con Ramiro y le dijo que aunque la repuesta que estaba esperando era no, pero que si no se iba Manuela de la casa se iría ella con los niños. Ante esto Ramiro le dijo que no podía echar a Manuela porque estaba embarazada. Ahora las cosas para Tula cambiaban, y finalmente decidió que la solución más acertada sería casarlos a ambos y ella quedarse a vivir con ellos para que los hijos de Rosa no tuvieran madrastra ya que ella los seguiría cuidando.

Una profunda tristeza henchía aquel hogar después del matrimonio de Ramiro con la hospiciana. Además los niños estaban desconcertados al ver sentada a la que antes había sido su criada con ellos en la mesa. Y para rematar la situación la preñez de Manuela fue molestísima y Ramiro, por su parte, vivía en una resignada desesperación y más entregado que nunca al albedrío de Gertrudis.

Finalmente llegó el parto, que dejó a Manuela muy débil, aunque rápidamente esta volvió a quedarse preñada, y Ramiro muy malhumorado por ello. Mientras tanto Tula seguía haciéndose cargo de los niños, intentando no hacer distinciones entre ellos.

Cuando en casa temía por la pobre Manuela y todos los cuidados eran para ella, cayó de pronto en cama Ramiro, declarándosele una pulmonía. El médico no le dio mucho tiempo de vida, y fue verdad puesto que poco antes del segundo parto de Manuela, Ramiro murió. Y tras del parto, en el que nació una débil niña a la que llamaron Manolita, Manuela también falleció y allí quedó Tula cuidando lo mejor que podía a cinco criaturas de madres diferentes.

Y así fueron pasando los años, y Gertrudis se portó como una buena madre. Aunque los quería a todos por igual, siempre tuvo un gran aprecio por Ramirín, puesto que era el mayor, y Manolita, a la que siempre la había visto más débil que a ninguno, como si se fuese a romper.

Y llegó el día en que Ramirín se casó con una chica, Caridad, a la que Tula había visto como buena futura madre y a la que había elegido con mucho cuidado, porque sin duda había vigilado mucho con quien iba a dejar a su hijo. A partir de ese día, en que Caridad también se fue a vivir a su casa, era con ella con la que tenía todas la s confidencias.

De nuevo volvió a llegar un embarazo a casa de Gertrudis, esta vez a manos de Caridad. Pero por suerte Caridad era fuerte y se podía cuidar más o menos sola, porque por aquella época Manolita cogió una enfermedad que casi la mataba. Preocupadísima todas las noche Tula le rezaba a la Virgen pidiéndole que cambiara su vida por la de ella. Y se cumplió su ruego: la niña fue mejorando, pero Gertrudis calló con una broncopneumonía de la que no resistió y murió antes de ver nacer a su nieto, no sin antes despedirse de todos.

Pero la tía Tula no murió, sino que quedó en las mentes de todos y cada uno de los miembros de aquella casa, pero sobretodo en Manolita que a pesar de su supuesta fragilidad, después de la muerte de la tía Tula fue quien pareció heredar su fortaleza y quien llevaría ahora las riendas de la casa uniendo a los miembros, que después de la muerte de la tía se habían separado en grupos: Rosita con Caridad, Elvira con Enrique (el hijo de Manuela), y, Ramiro y Manolita cada uno por su lado.

Para que no me Olvides

Blanca es una mujer de mediana edad, de acomodada posición que sufre una enfermedad mental: La afasia esta no le permite comunicarse, ni habla, ni leer, ni calcular solo puede contarnos mentalmente sus recuerdos. Blanca descubre una nueva forma de comunicarse que son sus ojos.

Los médicos no se explican de donde surgió la enfermedad solo que fue producto de un derrame cerebral, esto ocurrió durante un paseo en la casa de campo de Blanca donde se encontraba reunida con sus amigas Sofía y Victoria.

Para Blanca fue muy difícil adaptarse a su nueva vida, odiaba las terapias y al fonoaudiólogo ya que ella no quería avanzar en su tratamiento por que no sabia si volvería a ocurrirle nuevamente un derrame, se negaba a hablar y si otra parte de su cuerpo se dormía lo escondía.

Blanca nos cuenta la historia de su vida por medio de sus recuerdos los cuales solo puede comunicar por medio de sus ojos.

Sofía su amiga y cuñada era Psicóloga trabajaba en un hospital fue donde conoció a Alfonso, hermano médico de Blanca ellos no se casan ya que Alfonso anteriormente había estado casado con Luz, ex compañera de colegio de Blanca, Luz no firmo los papeles al enterarse que Alfonso quería estar con una mujer como Sofía ya que era una mujer que no respondía al molde de “mujer ideal” por que usaba colonias de hombres, usaba ropa de Patchwork y leía a Fuguet.

Sofía le pide a Blanca que era profesora que le haga clases de reforzamiento a un niño de bajos recursos que va muy mal en el colegio, así es como Blanca conoce a Bernardo un niño de ojos grandes y oscuros que vive en una casa pequeña de madera que esta ubicada en un pasaje al final de Avenida Grecia.

Las clases avanzaron pero Juan Luís, esposo de Blanca no estaba de acuerdo con el asunto, para él era peligroso que su esposa cruzara la cuidad además el trabajo no era remunerado siempre él decía que Blanca no necesitaba estudios pues lo tenía a él para mantenerla, sin embargo Blanca continuó con el reforzamiento le daba pena no ayudar a Bernardo.

Las clases normalmente eran muy tranquilas ya que la casa de Bernardo siempre estaba sola. Un día mientras estaban en clases llego una mujer con mucha gracia, de pelo brilloso, largo y crespo, un cabello muy negro, era Victoria la madre de Bernardo, había llegado temprano del trabajo por que la habían despedido, su jefe quería tener relaciones íntimas con ella lo cual no aceptó así fue que quedo cesante.

Victoria al contarle lo sucedido a Blanca con mucha confianza siendo que recién se conocían notó que al estar Sofía entre ellas era como que se conociesen victoria le contó además acerca de su padre que era desaparecido político y que a ella le gustaba escribir poesía. A partir de ese día Victoria estaba presente para cada lección.

Las secciones con el fonoaudiólogo le costaban mucho trabajo a Blanca y ella no sentía un avance, Blanca ya no se levanta se queda en cama todos los días ya que no tiene nada que hacer, la casa es llevada por Pía su hermana y también vecina, ellas compraron el terreno juntas donde construyeron las dos casas, luego del la enfermedad de Blanca Pía unió las casa y se encarga de ellas.

Blanca tiene dos hijos, Jorge Ignacio y Trinidad, esta última es muy pequeña y pasa largos ratos con su madre enferma. Victoria y Sofía visitan constantemente a Blanca para entretenerla. La mayoría de las visitas de Blanca se sienten extraños al verla así, sin poder hablar y con una mueca rara en su labio.

Juana tiene solo un brazo el otro es postizo es una ex compañera de Blanca, ella siempre la visita para contarle todo.

Mientras Juan Luís viajaba a Sao Paulo, Blanca conoció a El Gringo un amigo de Victoria que era muy bello, blanca comenzó sentir cosas especiales por él y así comenzaron a juntarse, siempre se veían en casa de Victoria luego en casa del Gringo. La segunda vez que Blanca visitó al Gringo no fue inocentemente, lo buscaba a él y su cariño, la tomó en sus brazos como el vikingo que era y la depositó en su cama la desvistió y entraron en la infidelidad por medio de fantasías. Blanca salió de ahí orgullosa se sentía jadeante al estar con él.

El Gringo le enseño de música a Blanca que estaba atada, sus cuerpos se ambicionan a ser uno. No dejaba de pensar en El Gringo.

Victoria y el Gringo tenían que declarar ante la Comisión de Verdad y Reconciliación era lo que los unía.

Blanca y el Gringo se fueron a la casa del campo donde debían despedirse, por temas de trabajo Blanca se iría de viaje con Juan Luís, al regreso de uno de lo viajes del esposo este sorprendió a su pareja con el Gringo lo peor de todo es que estaba presente en la escena Jorge Ignacio.

Así fue como empezó la guerra Juan Luís abandonó a su esposa llevándose a jorge Ignacio con él se fueron a Nueva York. Así las mujeres de San Damián: Trinidad, Honoria y Blanca se quedaron solas.

Cuando partió su marido ella sintió como se moría una parte de si misma ya que había perdido a su hijo upo así que nunca sería la misma

Mientras Blanca trata de superar su enfermedad Jorge Ignacio solo le envía una postal muy desabrida, para él fue muy traumático lo que vivió.

Entre el dolor Blanca decide irse a el campo con Trinidad y Honoria. Para Sofía era extraño lo decidido por su amiga, sin embargo lo termina por asimilar.

Blanca embaló todo, se deshizo de la mayoría de sus cosas, hace tres paquetes: Pía, Sofía y Victoria. A Juana le deja solo una cosa pero sólida, un reloj de oro. Todos sus collares, anillos, pulseras y colgajos son para Victoria. Pía calza lo mismo que su hermana y le deja sus zapatos y tacos. Lo más casual y ancho para Sofía.

La ropa dejada por Jorge Ignacio se la regala a Bernardo y un gran abrigo azul marino y sobrio para la señora Yolanda, madre de Victoria.

Esta mujer delgada y rubia solo entre cerros y modesta esta feliz, junto a su Trinidad pero esta asustada no sabe como se formará su hija ni quien le enseñará a hablar algo tan simple que Blanca ya no puede hacer.

Durante una visita de a Blanca, Victoria le cuenta la real historia entre el Gringo y ella.

Victoria estuvo en prisión varias veces la tiraban a un calabozo donde había un hombre detenido. Victoria estaba tirada en el suelo golpeada y violada fue cuando el Gringo le ayudo y le dio una mano, para ella fue vital encontrar a alguien con tanto amor y coraje como para ayudarle y limpiarle las heridas con la lengua.

Victoria sentía amor por el Gringo, sin embargo cuando Blanca y el Gringo fueron presentados Victoria entendió de inmediato que ellos eran como una pareja de cuentos de hadas.

Victoria sentía que debía ayudar a su amiga y para eso le dio un paquete, era insulina para que se suicidara pero Blanca guarda la jeringa ya que no es capaz. Aborrece su cobardía.

Comienza nuevamente a zumbar algo en el cerebro de Blanca, se le ha dormido la pierna derecha y el brazo. Trata de comunicarse con Trinidad pero no es posible, Blanca y su soledad.

Lo que quiero ser!!!

Descripcion de la carrera: Carrera destinada a formar profesioneles con conocimientos de avanzada en equipamientos medicos, en bioingenieria clinica y desarrollo e informatica medica, y con capacidades para ejecutar proyectos de ingenireri aplicados a la medicina y la biologia.

El ingeniero civil Biomedico es un profesional capaz de integrar conocimientos de Ingenieria y Medicina para desenvolverse en el campo de la alta tecnologia. Esto comprende sistema de diagnosticos , cirugia, tratamientos y electrico biomedico. 

Titulo Profesional: Ingeniero Civil Biomedico

Grado academico: Licenciado en Ciencias de la Ingeniería

Duracion: 6 años

Puntaje: 620

Horario: diurno

Regimen: Semestral

Requisitos: N.E.M: 25%   Lenguaje: 15%    Ciencias: 15%    matemata:45%    

Campo Ocupacional:

El campo ocupacional es muy amplio. Abarca desde las distintas áreas de la ingeniería a aplicaciones biomédicas propiamente tal. Puede desempeñarse en empresas productivas o de servicios con alto grado de instrumentación y automatización, empresas de ingeniería, empresas de investigación y desarrollo en áreas de la salud.

Qué establece la Ley de Responsabilidad Penal Adolescente???

¿Qué establece la Ley Penal juvenil?

La ley penaljuvenil establece un sistema de responsabilidad para los adolescentes entre 14 y 18 años que violen la ley penal. Su principal objetivo es reinsertar a los jóvenes en la sociedad a través de programas especiales.

¿Cuáles son sus principales características?

  • Establece procedimientos, fiscales y defensores especializados.
  • Establece programas de reinserción.
  • Termina con el trámite de discernimiento.
  • Establece la responsabilidad penal desde los 14 años, distinguiendo dos segmentos: 14 a 16 y de 16 a 18 años.
  • Establece un amplio catálogo de sanciones.
  • Las penas privativas de libertad sólo se establecen para delitos más graves.

¿Qué derechos tienen los jóvenes infractores?

  • Conocer el motivo de su detención y ver la orden de la misma, salvo que sea sorprendido de modo flagrante.
  • Ser adecuadamente informado de los hechos que se le imputan, así como de los derechos que le otorga la ley: guardar silencio, no ser obligado a declarar y ser trasladado ante un juez dentro del plazo de 24 horas.
  • Contar con un abogado de su confianza. Si no lo tuviese, el Estado deberá proporcionarle uno.
  • Mientras se determina su culpabilidad, tiene derecho a ser tratado como inocente.
  • Si el inculpado se encuentra privado de libertad, tiene derecho a permanecer separado de los adultos.
  • Debe ser tratado con dignidad, no pudiendo ser sometido a castigos corporales, encierro en celda oscura o a cualquier sanción que ponga en riesgo su salud física y mental.
  • Una vez sancionado, el joven tiene derecho a pedir el término o cambio de una pena privativa de libertad, por una que pueda cumplir en libertad para favorecer su reinserción social.

Gonza y Paxan V/S Gimmy y Luna.. XD..!!!

Esto comenzó un día martes, que Gonzalo jugando en el recreo asusto a una niña pero era solo una broma y para desgracia estaba con su pololo "GIMMY" el que se molesto mucho y quiso pegarle, entonces  Gonzalo lo empujo y pasaron a quebrar un vidrio del pasillo, que le hizo una herida en la pierna a una niña que estaba en el patio.  Al siguiente recreo Gonzalo bajo y dos niños del liceo el Gimmy y el Luna, el cual le agarro las manos y el Gimmy le comenzó a pegar, Gonzalo sin poder  defenderse le pego un cabezazo en la nariz y quedo sangrando. Paxan amigo de Gonsa se percato  que le estaban pegando a su mejor amigo entre dos, empezó a defenderlo, y de esa manera quedaron parejos dos a dos.  Hasta este  momento  Paxan  y  Gonza ganaron  la pelea…..           

 Mientras estábamos dentro de la sala de clases el Gimmy  y el Luna amenazan a Paxan y Gonsa  “te voy a matarte” le gritaban desde afuera. A  la hora de salida de clases todos nos íbamos para la casa y yo Salí del liceo junta con el Gonzalo,  y el Gimmy esta a la salida y lo volvió amenazar y le dijo que "era un cobarde y que lo iba a matar" seguimos caminando Gonsa los ignoro, yo me fui hacia el bus,  cuando miro  detrás de paxan y gonsa  empezaron a juntarse varios niños que estaban con el  Gimmy,  Gonsa y Paxan   no se dieron cuenta de que los iban siguiendo, justo pachanga el tío de Gonzalo vio lo que estaba pasando y llamo al papá de Gonzalo y a la mamá de paxan, y hecho a andar el bus, el luna y el Gimmy que seguían a Gonzalo y a Paxan los acorralaron en la radio la maquina del tiempo, dos niños acorralaron a Gonzalo, y muchos mas a Paxan y estos le sacaron cuchillas y los amenazaban cuando llega el Andrés  y  los comienza a separar y en eso llega Pachanga  con el papá de Gonzalo y la mamá de Paxan, el Gimmy y su pandilla salieron arrancando y desde entonces no volvieron a molestar  mas.